A principios del siglo XXI observamos lo siguiente:
Cualquier procedimiento de definición amplificada de la realidad, tiende a la estupidez.
Lo dramático es mucho más importante que lo normal, lo normal no es noticiable.
Cuanto mayor es la tensión dramática, mayor es la importancia de la noticia.
Esto nos lleva a dos posibles tipos de consecuencias.
- o la realidad normal cada vez se distancia más de la realidad oficial de la que hablan los periódicos, la televisión o la radio.
- o la realidad normal, por aprendizaje, tiende a hacerse igual de estúpida y dramática que la realidad oficial.
Siendo ésta una situación contemporánea, queremos señalar que los poderosos han ejercido a través de la historia esta misma función con las estrategias propias de cada momento.