Sobre la idea del arte político se han dicho muchas estupideces, y lo que es peor, se han hecho bastantes más. El propio concepto de “arte político” o “arte social” pretende otorgar un acento cuya ausencia es imposible.
Todo arte es político y es social, el problema es cuál es su plantemiento político y social. En su concepción, ejecución y recepción no puede no ser político y social.
Nos planteamos un trabajo sobre el poder y el significado otorgado a los nombres, o los nombres que otorgan significado al poder.
Un trabajo concentrado en la cotidiana memoria colectiva del poder, eludiendo el oportunismo de la actualidad.
Son nombres del siglo, de la historia. Día a día nos los hemos aprendido. Ahora los devolvemos en un acto sencillo, con cierto ritmo.
